Parece que todavía falta mucho para que quede atrás el
momento prolífico del escritor de Bangor, Maine, Stephen King —en octubre
llegará a las librerías el final de la trilogía de Bill Hodges bajo el título
Fin de guardia (End
of Watch, 2016;
Plaza y Janés, 2017)—, aquel que lo vio surgir a mediados de los años 70 con
seis éxitos editoriales consecutivos: Carrie, El misterio de Salem’s Lot, El
resplandor, El umbral de la noche, La danza de la muerte y La zona muerta. Lástima que no se pueda decir lo
mismo de las adaptaciones cinematográficas de sus novelas y relatos, con la excepción de
Carrie de Brian
De Palma, El resplandor de Stanley Kubrick y Misery de Rob Reiner. Así y todo, esperaba más de It de Andy Muschietti, segunda adaptación
cinematográfica de su novela It (Eso) [ídem, 1986]
—la primera fue realizada para la televisión por Tommy Lee Wallace en 1990—,
sobre un payaso que mutila y mata a los niños de un pequeño pueblo
estadounidense llamado Derry. La película de Muschietti peca de un discurso
algo esquemático: llega un momento en el que parece que engarce viñetas, que se
reduzca a una colección de anécdotas y episodios sobre los miedos infantiles puestos
en fila. En It la forma
pasa a serlo todo, hasta el punto de que el concepto de fondo desaparece por
completo dejando paso a un espectáculo puramente visual, en el que la filigrana
se convierte no ya en la principal sino prácticamente en la única razón de la
película. El substrato visual tampoco es que sea muy original; a simple vista,
la película es, estéticamente hablando, una aparente mezcla de ideas extraídas
de títulos como Los Goonies
de Richard Donner, Super 8
de J.J. Abrams o la saga de películas de Freddy Krueger que nació con Pesadilla en Elm
Street, escrita y dirigida por Wes Craven. It se reduce poco más o menos a lo de siempre y
ofrecido como siempre: un artefacto terrorífico indiscutiblemente eficaz e
indudablemente espectacular, pero que como obra cinematográfica no brinda nada
más que rutina en sus peores momentos y corrección formal en los mejores. Si
bien es de justicia reconocer que el producto resultante se revela
sensiblemente superior a la mini serie de los 90. Más que una mala película, It
es una película
insuficiente: se contenta con apuntar algunos aspectos interesantes —en especial,
la sordidez que asoma su rostro en las escenas domésticas o el tormento
interior de unos personajes que son lo que son sin querer serlo— en beneficio
de las consabidas secuencias pensadas para apabullar; todo lo cual, empero, no
termina de interponerse en el vuelo del globo rojo como antesala de
nuestras peores pesadillas.
"El payaso sostenía en una mano un
manojo de globos de colores, como tentadora fruta madura. En la otra, el
barquito de papel de George.
—¿Quieres tu barquito, Georgie?
El payaso sonreía. George también sonrió,
sin poder evitarlo.
—Sí, lo quiero.
El payaso se echó a reír.
—¡Así me gusta! ¿Y un globo? ¿Quieres un
globo?
—Bueno... sí, por supuesto —Alargó la
mano pero de inmediato la retiró—. No debo coger nada que me ofrezca un
desconocido. Lo dice mi papá.
—Y tu papá tiene mucha razón —replicó el
payaso sonriendo. George se preguntó cómo podía haber creído que sus ojos eran
amarillos, si eran de un azul brillante como los de su mamá y de su hermano Bill—.
Muchísima razón, ya lo creo. Por lo tanto, voy a presentarme. George, soy el
señor Bob Gray, también conocido como Pennywise el Payaso. Pennywise, te
presento a George Denbrough. George, te presento a Pennywise. Ahora ya nos
conocemos. Yo no soy un desconocido y tú tampoco. ¿Correcto?"
Stephen King, It (Eso)